"Espacio para el debate, la reflexión y el aprendizaje de las competencias claves en Educación Primaria y Educación Secundaria". José Manuel Maestre. Premio Nacional Promoción Educativa 2015.

Creo que estaréis de acuerdo conmigo en indicar que no es correcto separar el enfoque tradicional y el enfoque competencial. A pesar de ello, sigo observando que ahora parece ser que cuenta más la programación por competencias y sobre todo su evaluación, donde elementos como los estándares de aprendizaje o la rúbrica parecen la clave de todo este nuevo proceso de enseñanza y aprendizaje.

Si hacemos una búsqueda sobre la evaluación por competencias, algo rápido como videotutoriales podemos observar una gran variedad de recursos online, aplicaciones o softawares que intentan facilitar nuestra labor docente en la programación, y sobre todo, evaluación por competencias.

Lamentablmente, y desde mi punto de vista, seguimos obviando lo básico: no debemos olvidar que la programación tradicional debe seguir siendo soporte a la programación por competencias. Y mucho más en el sistema educativo español. Un sistema casi totalmente académico, y nuevamente…. mucho más académico según el alumno pasa de primaria a secundaria y llega a Bachillerato con las pruebas de la EVAU.

Así, es lógico oír a los profesores de Secundaria diciendo que todo esto de trabajar por competencias no tiene mucha lógica cuando en Bachillerato los alumnos se tienen que preparar ante examenes totalmente académicos con un gran componente de conceptos aprendidos de memoria.

En España, el otro paso más cercano a las competencias es el denominado Consejo Orientador que se estipula para 4º de la ESO. Igualmente, no es menos extraño oir que este tipo de informe se rellena con un componente más subjetivo que objetivo por no tener un hilo conductor entre enfoque tradicional y enfoque basado en competencias.

Y con ello, podemos, ahora sí, empezar este segundo bloque de actividades competenciales. Porque las actividades competenciales no deben olvidar el enfoque tradicional. Y cuando hablamos o decimos de enfoque tradicional debemos remitirnos a los contenidos y al dominio competencial: “saber”. Esto es, y hablando coloquialmente, al dominio de los conocimientos, de la teoría.

Seguro que no resulta extraño ver a alumnos de Secundaria, principalmente, estudiar de memoria diferentes conocimientos. Creo que esto no es malo. Todo lo contrario. La teoría, la utilización de la memoria es más que necesaria. No debe ser ahora todo un enfoque competencial donde el dominio “saber aplicar” cobre exclusivo protagonismo.

Por tanto, las actividades competenciales no son sólo proyectos innovadores como la gamificación o flipped classroom. Para mi una actividad competencial puede comenzar con un enfoque teórico tradicional.

En mi experiencia en Reino Unido puedo decir que tanto en Primaria como en Secundaria se trabaja mucho el “saber hacer”. Es decir la manipulación, la experimentación, pero apenas se utiliza el “saber”. Esto es, el conocimiento puro, la teoría.

La semana pasada estuve en la Isla de Man visitando a unos amigos, viendo el extraño, mágico, sorprendente y peligroso mundo de las TT y descubriendo y profundizando  en su sistema educativo.

Mis amigos me decían que sus hijos de 9 años (Year 4) han estado haciendo un proyecto sobre el Titanic y Harry Potter. Allí, al igual que en Reino Unido, tampoco hay libros.

Si preguntabas como era el proyecto de Titánic… pues sí, estaba bien. Era “divertido” (una característica de una actividad competencial), era “participativo” (otra característica de una actividad competencial) pero, desde mi punto de vista no era “útil” (característica de una actividad competencial). Los niños, con este proyecto sabían cuanto medía el Titanic, cuantas chimeneas tenían…. hasta el número de salchichas que transportaba (40000). Sin embargo, me sorprendía que de un proyecto así no aprovecharan para hacer un estudio más profundo sobre la geografía (capitales cercanas donde el Titanic pasara), o algo tan sencillo como podía ser el estudio de la temperatura del agua (números enteros), o introducción al porcentaje (30% de un iceberg sobresale y el 70% se oculta) o seguramente muchos otros conceptos que se nos pueden ocurrir que sean utiles.

Esto es un sencillo ejemplo de lo que considero es una actividad competencial.

Para mi una actividad competencial puede ser sumar o restar. Debe cumplir las cartacterísticas arriba expuestas y además debe tener un hilo conductor con otras actividades para llegar a un modelo de actividad que se aproxime lo más posible a una realidad.

Es decir, desde mi punto de vista, una actividad competencial es cuando sigue un proceso de enseñanza-aprendizaje que transcurre del saber y progresivamente va acercándose al “saber aplicar”. Como transversalidad podemos tener el “saber ser”, es decir todo el aspecto actitudinal.

Veamos un ejemplo que estoy llevando con mis alumnos en Lengua Castellana.

El libro se estructura en gramática, ortografía, vocabulario y recursos literarios. Es cierto, que al niño hay que enseñarle una base de ortografía y gramática que luego pueda utilizar… pero hay que darle la aplicación práctica.

Así, en mi caso utilizo la temática “textos narrativos”. Durante varias Unidades Didácticas trabajamos el “saber” con pequeñas aplicaciones prácticas al final de cada unidad didáctica. Finalmente, en el tercer trimestre, ordenamos lo aprendido en “los textos narrativos” y les pongo ejemplos que deben realizar:

En este caso, me centro en la creación de un cuento, donde progresivamente deben introducir y enriquecer el texto con los adjetivos estudiados, los determinantes, vocabulario… el alumno crea también sus noticias, sus anuncios publicitarios… y se ponen ejemplos lo más cercanos a la realidad como por ejemplo la construcción de una radio.

Ejemplos tan sencillos como los aquí indicados demuestran que un enfoque tradicional, algo que llevamos aplicando siempre es totalmente compatible con un enfoque competencial.

No quiero decir, y termino con esto, que actividades exclusivamente competenciales (gamificación, por ejemplo) se deban omitir. Lo que quiero transmitir es que no debemos cambiar radicalmente las actividades que hasta ahora estamos enseñando. Estas actividades tradicionales deben suponer la base para conducir al desarrollo de otras actividades competenciales. El eje angular de todo, y esto es la clave, es saber modificar la metodología. Ahora la metodología debe crear al alumno una reflexión mayor, para darle el grado de autonomía necesario para que él o ella pueda llevar a aplicar el conocimiento de forma autónoma. Para este caso debemos conocer la metodología de Bloom y la Pirámide de Miller (como ya explique en otra entrada), o algo que he descubierto hace poco a través de un compañero, como es el trabajo llevado por John Hattie.

En la próxima entrada explicaré cómo según este autor podemos crear actividades competenciales, incluso de cohorte tradicional.

Saludos.

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